Como cada tarde, Javi acude puntual a sus entrenamientos en el parque. Calistenia, lagartijas y barras, son parte de su rutina diaria. —esta vez, sería una tarde distinta—. Todo marchaba como de costumbre: enfocado en su entrenamiento, su peculiar manera de estar absorto del ambiente que lo rodea, hace que los ejercicios sean mejor aprovechados.
Era curioso, porque hasta aquella tarde no había advertido la presencia de esa mujer. Tomó una breve pausa para descansar y, en pensamientos fugaces, comenzó a examinar la situación… ¿Había alguna probabilidad de acercamiento? ¿Algún espacio para colarse entre ese gesto que parecía atento?
Pero crear algún acercamiento, debía de esperar, le quedaban 25 minutos de sesión sin pausas, y ya había perdido dos intentando calcular el momento.
Javi, dejó que esas miradas intensas —que ya empezaban a gustarle— siguieran apreciando su esfuerzo y constancia. Repeticiones con mas intensidad, paradas pausadas para recobrar aliento, demostraciones de fuerza con las piernas, lo hacían sentirse bien. Hasta donde él había observado, la mujer estaba sola, habían otras personas cerca, sí, pero parecía que nadie venía con ella. Lo notó… y siguió aquel juego de pasar inadvertido.
Finalmente, la alarma de los 25 minutos sonó. Javi, exhausto, se sentó en una banca de madera con la mirada en el suelo, frotando sus piernas temblorosas y musculosas. Unas pisadas sobre la grama seca le advirtieron que alguien se acercaba, su mente imaginó que podría ser ella, pero enseguida se corrigió: podría ser cualquiera pasando de largo.
Hola. Te has esforzado mucho este rato.
Javi levantó la mirada, sorprendido, no esperaba a nadie. Por lo general siempre entrena solo, y aquella voz tan agradable no la conocía, pero estaba seguro que a partir de ahora, no la olvidaría.
Al levantar la mirada, sus ojos recorrieron una silueta perfecta: una fina pantaloneta negra dibujaba con precisión las caderas de aquella mujer. La silueta de la braga era visible sin el menor esfuerzo, un abdomen casi plano, precioso y unos centímetros más arriba, dos pechos medianos, exactos, armoniosos. Todo eso lo apreció en breves segundos, pero el escaneo fue claro… y placentero.
Aun en su sorpresa, pudo ordenar palabras:
Hola… sí, uff, es una rutina algo dura. La motivación también ayuda sabes —contestó con un tono elocuente, sabiendo que intentar parecer gracioso podría ser un riesgo en un primer acercamiento—. Ella soltó una risa suave.
¿Si lo dices por mí? Espero no haberte distraído, —dijo mirándolo directamente a los ojos—
Javi quiso responder con la misma picardía, pero fue ella quien se adelantó.
Llevo más de tres días intentando acerarme, pero me da pena interrumpirte. Además déjame decirte que tienes un bonito cu… cuerpo.
—Javi esbozo una sonrisa tímida. Ella parecía directa, pero sin vulgaridad—. Por mi trabajo debo mantenerme en forma, estar en contacto con la naturaleza me relaja mucho, este lugar es preciso para ambas cosas —mirándola con picardía— y más, mi nombre es Javi, soy masajista profesional.
¡Ay en serio! mucho gusto Javi. Puedes llamarme Marce.
Javi y Marce parecían haber detenido el tiempo, las miradas, los gestos, todo indicaba que habían encajado. Era perfecta la estampa.
¿Y qué tipo de masajes realizas? ¿Alguna especialidad? —preguntó ella, cruzando las piernas con curiosidad y mordiendo, casi sin darse cuenta, la uña de su dedo medio—.
Javi dudó un instante. Podía inventarse lo que fuera… pero no pretendía mentir.
Soy masajista terapéutico... aunque no del tipo tradicional —respondiendo con una media sonrisa—. Solo atiendo mujeres, generalmente con altos niveles de estrés, bloqueos físicos, emocionales, chicas que no tengan tiempo para sus… bueno, eh, podría decirlo más claro pero no sé cómo.
¿Bloqueos? —repitió ella, alzando una ceja—.
Digamos que hay zonas del cuerpo que con el tiempo, parecen dormirse… olvidan lo que es sentir —dijo él, con voz baja, casi confidencial—. Mi trabajo es ayudarlas a despertar esas emociones, a veces, una caricia, un masaje, puede activar aquellas zonas intimas que tienen todas.
Ella lo miró en silencio, atrapada entre la duda y la imaginación.
Pero tranquila —añadió Javi con serenidad—. No soy un guarrillo, solo escucho lo que el cuerpo necesita… y a veces el cuerpo habla más claro de lo que uno espera.
Ella lo miró, entre divertida y curiosa.
No estás mal para ser un masajista, ¿sabes? Aunque no sé si lo tuyo son más las manos… o las palabras, —sonreía, mientras jugaba con la cremallera de su cazadora blanca—
Ambas siluetas bajo los destellos del sol, estaban casi unidas, una impresión agradable, las personas pasaban de lado y a ellos nada los inmutaba, estaban centrados en su conversación.
¿Y si seguimos caminando? —sugirió ella— Hay un lugar en el parque con menos gente… y más sombra. Me gustaría saber más de lo que haces.
Y, en voz baja:
Tal vez me convenzas de agendar una de esas sesiones no tradicionales.
Javi tragó saliva, sentía el pulso acelerado, sintió como una repentina tensión en sus pantalones cortos lo dejaba en plena evidencia. Sin darse cuenta ella desvió la mirada, estaba claro que Marce ya lo había notado. No dijo nada, solo bajo la mirada y dejo una sonrisa que lo liberó de cualquier vergüenza.
Tranquilo… —susurró—. Me halaga saber que soy parte de esa motivación.
Comenzaron a caminar, pero fue Marce quien se detuvo nada más notar que estaban solos.
¿Sabes qué? Estoy a diez minutos caminando. Que te parece si vamos a mi casa y tomamos algo, que el calor está empezando a secarme la garganta, imagino que estarás igual que yo.
Javi la miró, intentando leer entre líneas, ¿Pero qué pasaba hoy? su horóscopo no decía nada de encuentros femeninos de este tipo, dejo que la astucia de esta mujer lo sorprendiera.
—¿Estás segura? —Replico con un cierto tono de duda—
No suelo hacer esto, pero contigo… no me siento cohibida. Me siento bien —respondió, girando lentamente—. ¿Vienes?
Caminaron juntos, manteniendo una agradable conversación, al llegar al edificio donde vive Marce, a él le entro una duda razonable, algo revoloteaba su tranquilidad, pero el aroma de césped recién cortado lo recondujo, total, podría asumir esto como una visita más. En el ascensor, el silencio fue distinto, miradas cómplices, fue inevitable para ambos no observarse mutuamente. Una vez subidos los 7 pisos y en la puerta del 7º C, casi en el interior del departamento, la luz tenue filtrada por las cortinas le daba un aire íntimo al ambiente.
Pasa y ponte cómodo —dijo ella, descalzándose lentamente—. O quedarte de pie, si prefieres observar antes de actuar.
Javi respiró hondo, otra frase en doble sentido, dejo de lado las dudas. Esta tarde que comenzó como cualquier otra estaba a punto de cambiar, convertirse en una nueva experiencia quizás.
Javi aún seguía a un lado de la puerta, observando a Marce, mientras ella se alejaba unos pasos, segura, serena, moviendo de lado a lado aquellas caderas que ahora veía con mejor atención, era una vista placentera. La tarde, que comenzó con una rutina más, había tomado un giro inesperado, una posibilidad de obtener un beneficio diferente, sabía que no era una cita programada, por cierto aquella tarde la tenía libre, hasta ese momento.
No había prisa al parecer para ninguno, lo que sucedía entre ellos no requería explicaciones inmediatas, solo debían dejarse llevar por esa energía que los envolvía.
Y así, sin decir más, Javi cerró la puerta tras de sí.
¿Y ahora qué, te preguntaras? La historia entre ellos apenas comienza…
Pero como toda buena historia, tiene pausas necesarias. Javi al cerrar la puerta, estaba dispuesto a seguir con lo que pudiese pasar, mientras Marce… tal vez solo quiere jugar y salir de la rutina, o en realidad está dispuesta a algo más que compañía.
¿Qué pasará con esta “amistad” que parece tan prometedora?
Esperamos nos acompañes en el siguiente capítulo, y que te sientas parte del mismo, como si estuvieras allí, mirando desde algún lado lo que sucede entre ellos.
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¿Qué crees que ocurrirá ahora? ¿Volverán a encontrarse? ¿O todo terminaría esta tarde?
Gracias por leer y espera a la segunda parte. Te invito a compartir si te ha gustado, suscribirte para no perderte el siguiente capítulo, y visitar nuestro canal @69relatos, donde cada historia tiene un nuevo matiz, un nuevo deseo, una nueva reflexión.
Nos reencontramos muy pronto… Porque lo que empieza con deseo, no siempre termina ahí.



