¿Aún no has leído el relato?
Lee primero Al otro lado de la puerta y después vuelve para descubrir las escenas que quedaron fuera de la historia.
Algunas historias no empiezan con grandes acontecimientos. A veces comienzan con un día cualquiera.
Con las bolsas pesadas y el calor sofocante, una ayuda extra le venía bien.
Esto no se lo imaginaba, seguirla muy de cerca, convirtiéndose en alguien ya conocido.
Las prendas por lavarse, la confianza fue parte de la rutina en ese momento.
Las prendas, una a una dentro, era una colada como cualquier otra.
Su cuerpo había dejado de ser el motivo de la excitación, ahora había algo diferente.
Era ella, su rutina, su normalidad, su presencia física resaltaba en prendas hogareñas.
A veces una historia termina con un punto final.
Otras veces, simplemente cambia de habitación.
Mientras él regresaba a casa pensando en aquella mujer del vestido naranja, Lola seguía con su rutina. Quedaba ropa por guardar, un ropero por mover... y una cita pendiente.
Quizá algunas historias no terminan cuando se cierra una puerta.
Quizá sea justo ahí donde empiezan.












