No era solo curiosidad: necesitaba respuestas claras sobre algo que hasta entonces nunca había hablado con Fabia, mi pareja.
Fue entonces cuando decidí recurrir a alguien de confianza: Jorge Martín, fisioterapeuta especializado en educación corporal masculina, que también practica personalmente técnicas como la retro eyaculación.
Sigue leyendo, que relataré la conversación franca, reveladora y sorprendentemente liberadora que tuve con él.
Nunca hablé de esto con Fabia, mi pareja. Vivimos separados cada quince días por motivos de trabajo, y estar con ella íntimamente es muy placentero; disfrutamos liberando tensiones, relajando el cuerpo y fortaleciendo nuestra vida sexual.
Lo que todavía no consigo asimilar es su partida. Los días en que no está a mi lado, la tensión crece, y aunque no la engaño con otra mujer, siento que mi atención se desvía hacia otra actividad: los videos porno.
Llevaba un tiempo visitando este tipo de páginas web. Era mi forma de desfogarme, de no buscar fuera de casa el placer carnal —si es que puedo justificarlo de alguna manera—; no quería engañarla.
El estrés del trabajo, las preocupaciones diarias y mi costumbre de exigirme más de lo que podía moldeaban esas noches frente a la pantalla. Aquellas páginas se habían convertido en una válvula de escape, un modo de seguir adelante como si todo estuviera bien.
Estas visitas nocturnas, hasta altas horas de la madrugada, se habían convertido en una rutina placentera que solo se detenía, momentáneamente, cuando ella regresaba al departamento, que dicho sea de paso, en más de una ocasión coincidía con su periodo menstrual, y no había manera… seguro saben a lo que me refiero.
Esta parte de mi vida íntima empezaba a pasarme factura. Me irritaba por cosas sin sentido: esperar el metro, la leche caliente en el café, la cola en el supermercado. Adopté actitudes muy ajenas a mi personalidad tranquila y reservada, algo que nunca antes me había sucedido.
¿Qué estaba pasando conmigo? ¿Tendría algo que ver el tiempo libre que tengo por las noches? ¿Por qué liberarlos me hacía sentir tan culpable? Era absurdo sentirme así por algo tan normal.
Si tengo pareja, ¿por qué desvío mi atención de su cuerpo? ¿Significa que ya no me gusta lo suficiente y que me enredo en un placer superficial, vano y pasajero?
Había preguntas que quería hacer… pero, ¿a quién? ¿A quién podía recurrir sin temor a ser juzgado de manera incorrecta? Mi cabeza no dejaba de pensar, pero aprendí a convivir con esta incógnita. Los días pasaron, y los videos, junto con los pañitos húmedos, cumplían un propósito.
Una noche, como tantas frente a internet, encontré algunos videos sobre retención seminal. Ya los había visto antes y me parecían un poco místicos, pero por alguna razón decidí prestarles atención. Uno a uno los fui visualizando, preguntándome qué podía perder, y al cabo de un rato sentí algo diferente.
Esa noche intenté seguir los ejercicios que recomendaban para retener la eyaculación… y fallé en el intento. La sensación que me dejó fue una mezcla de frustración —por ceder de nuevo a mis ganas de terminar— y, al mismo tiempo, curiosidad por volver a intentarlo.
Había algo de verdad en esos videos: todo el tiempo y la energía que invertimos, solo para dejar que la eyaculación ocurriera sin mucho sentido. Comprendí que lo único que buscaba era mi propia satisfacción, y que, una vez culminado el acto, podía dormir tranquilo.
A la semana siguiente lo volví a intentar, pero esta vez como una manera de hacer algo distinto: una nueva exploración de mi propio cuerpo. Aquella práctica ayudaba a prolongar el acto sexual, a controlar los deseos y, además, a retener el líquido seminal, que según dicen, es pura energía.
Busqué ayuda profesional, y lo más cercano que tenía era Jorge Martín, fisioterapeuta especializado en educación corporal masculina. Lo conocí años atrás, cuando acudí a su consulta por un dolor lumbar, pero pronto descubrí que su conocimiento iba mucho más allá de la espalda. Jorge no solo aconseja, sino que también practica personalmente técnicas como la retro eyaculación, por lo que podía hablar de estas cosas desde la experiencia y no solo desde la teoría.
Decidí llamarlo y concertar una cita. Se sorprendió al saber que no tenía ningún dolor físico, así que quedamos en tomar un café; no quería estar rodeado de personas con múltiples dolencias.
—Hola Jorge… no sé bien por dónde empezar, pero prometo no quitarte mucho tiempo. ¿Recuerdas que te había comentado sobre mis erecciones matutinas?
(J) —Sí, claro. ¿Qué es lo que te preocupa exactamente?
—Es que me pasa casi todos los días. ¿Es normal?
(J) —No tienes de qué preocuparte, es completamente normal. Las erecciones matutinas ocurren porque tu cuerpo está descansando y regulando el flujo sanguíneo y las hormonas. No significa que haya un problema; es simplemente una señal de que tu cuerpo sigue funcionando de manera saludable.
—Sentí un alivio inesperado; nunca había pensado que algo tan cotidiano pudiera ser completamente normal—.
—¿En serio? Estos temas son nuevos para mí, y más ahora que he descubierto otro tipo de actividades… manuales, se podría decir.
(J) —¿A qué te refieres con actividades manuales?
—Dime… ¿ver páginas XXX es normal? Quiero decir, tengo pareja y la adoro.
(J) —Quizás estás reaccionando a un estímulo diferente. La pornografía, en sí misma, no es el problema; el problema surge cuando se vuelve una obsesión. Por decirlo de alguna manera, cuando repetimos compulsivamente un patrón, eso ya es adicción, y en ese caso sí hay que tratarlo a tiempo. ¿Con qué frecuencia ves estas páginas?
—Casi todas las noches, desde hace algún tiempo… unos seis meses más o menos.
(J) —Ah, ya veo. Imagino que lo haces porque por las noches estás solo y tienes un apetito sexual que deseas satisfacer. ¿Llegas a masturbarte? Sé que es una pregunta obvia, pero hay personas que visitan estas páginas como una forma de aprendizaje: para ver posturas, ambientación, juguetes o explorar nuevas maneras de tener relaciones sexuales con su pareja.
—La verdad es que empecé por soledad y tiempo libre, pero ahora veo que se ha vuelto repetitivo. Entonces, pensando en lo que me dices… ¿me estaré volviendo adicto a esto? Eso es lo que más me preocupa.
(J) —Para llegar a ese estado todavía te falta mucho. Lo primero que debes entender es que todo en exceso hace daño, todo, ¿vale? Además, si estás hablando con un especialista, eso ya es un buen inicio. No está prohibido ver estas páginas, pero si quieres regular su consumo, darte cuenta a tiempo es la clave.
—Y ahora hay algo que me tiene… como se dice… intrigado. Sí, intrigado puede ser: ¿qué es la retro eyaculación?
(J) —Sí, a ver, te lo explicaré. Debes saber que también se llama retención seminal. Es una técnica usada desde hace miles de años y consiste en reprimir de manera consciente la eyaculación. Es una forma placentera y completamente sana de reaccionar de manera saludable a ese impulso.
—¿Eso funciona?
(J) —Claro, es una técnica muy sana. Te diré por qué:
› Mayor control sobre tu cuerpo: Aprendes a manejar la excitación y a prolongar el placer.
› Incremento de energía: Retener el líquido seminal según algunas tradiciones permite que la energía se mantenga dentro de ti y se canalice de manera positiva.
› Autoconocimiento: Conoces mejor tus sensaciones, tu cuerpo y tus límites, lo que mejora tu relación contigo mismo y con tu pareja.
› Mejora de la salud sexual: Ayuda a fortalecer el suelo pélvico y la musculatura implicada en la erección y el orgasmo.
› Práctica consciente: Aprender a disfrutar del placer sin necesidad de culminar enseña paciencia y concentración.
—¿En serio podemos evitar eyacular y aun así sentir el placer?
(J) —Mira, como aficionado a esta técnica te digo que sí funciona. Además, te explicaré dos beneficios principales:
› Mayor control y prolongación del placer: Aprendes a manejar tu excitación y disfrutar de cada sensación sin necesidad de terminar de inmediato. Esto te permite conocer mejor tu cuerpo y prolongar los momentos de intimidad, tanto solo como en pareja.
› Incremento de energía y vitalidad: Al retener el líquido seminal, según enseñanzas antiguas y modernas prácticas de autocuidado, la energía se mantiene dentro de ti, lo que puede ayudarte a sentirte más activo y concentrado en tu día a día.
—Pero, ¿eso lo haces tú solo o alguien te ayuda?
(J) —Jajaja, cuando aprendes a usar la técnica, tú mismo puedes realizarla sin problema.
—Lo intenté la otra vez y fallé.
(J) —Sí, al principio no es fácil, pero con tiempo y práctica se vuelve más sencillo. Solo hace falta ganas y paciencia.
—Entonces, ¿me recomiendas que la practique?
(J) —Mira, eso depende de cada uno. Yo la practico, y hay personas que pueden ayudarte a obtener un mayor control. Incluso hay masajistas especializados que saben exactamente cómo hacerlo. El cuerpo es maravilloso, y si aprendes a cuidarlo y escucharlo, a la larga te traerá muchos beneficios.
—Uf, Jorge, me dejas más tranquilo con estas respuestas. ¿Crees que debería hablarlo con mi pareja, o mejor lo mantengo en secreto?
(J) —Mira, si pides mi opinión, hablarlo en pareja es lo más sano. Quizás ella también tenga dudas sobre su vida sexual íntima y habrá notado algún cambio en ti. Seguro que si practicas esta técnica, los resultados serán mejores.
—Pero eso —dijo Jorge mientras terminaba su café— ya depende de ti.
Salí de aquel encuentro con más respuestas de las que esperaba… y con una pregunta nueva, para la cual todavía no encontraba respuesta: si había sido capaz de hablar de todo aquello con Jorge… tendría ahora el valor de hablarlo con Fabia?


