Una silueta femenina acercándose. Figura proporcionada. Abrazaba algo contra su pecho mientras la mano libre se balanceaba con naturalidad.
Miré en dirección contraria, pretendí que el cruce de miradas fuera natural, vaya, me sorprendí, una mujer de apariencia madura, en un vestido tan simple, pero que mostraba toda su voluptuosidad, además de traslucirse unas finas bragas negras.
La vi girar en la esquina, intentaba recordarla, este barrio es muy excéntrico, en algún lugar estoy seguro que me la he topado. Sabía que la había visto antes, aunque no conseguía recordar dónde.
Dos bancos más allá la encontré sentada mientras pretendía encender un cigarrillo, se me ocurrió pedirle fuego, ya que lo tenía a mano.
La distancia se acortaba, ninguna idea afloraba. Todas eran demasiado básicas para iniciar una conversación.
¿Tú vives por aquí, verdad? —me abordó, directo, sin más, mientras se retiraba el cigarrillo de los labios.
Sí, a pocas calles —respondí, intentando minimizar la pregunta.
Ahora que te he visto ahí sobre la banqueta, sabía que me sonabas, ¿tienes fuego?
No, lo olvidé, justo venía a lo mismo, —sonrisas en los labios.
Ah vale, no pasa nada. ¡Perdona eh!
Me detuve en una pausa por intentar sacar alguna información que me dijera de donde la había visto.
¿Es urgente?
¿Qué cosa?
Lo del mechero.
No da igual ahora voy a casa y lo enciendo, era por pasar el tiempo.
Ah, ¿esperas a alguien?
Si, más o menos.
De pie a su lado, mis ojos intentaban mantenerse sobre su nariz, pero el escote en sus pechos, requería más que concentración, quería no ser el baboso que se queda sin palabras ante tales medidas.
Ella miraba hacia los lados, buscando un mechero. Me equivoqué.
Con el cigarrillo sin encender, me hablaba de lo mal que lleva el calor por las noches, su ropa ligera en nada le ayuda a dejar de sudar, me charlaba de la pésima relación con su ex marido, que aunque separados no se iba de casa.
Yo prestaba poca atención a sus quejas, mis pensamientos en aquel momento estaban en otro lado. Cuando la vi, debo admitir que aceleró mis pulsaciones, noté cómo el deseo aparecía sin pedir permiso, pero conforme hablaba sobre su vida cotidiana, pensé:
¿En realidad hace tanto calor? ¿A qué se refiere con ropa más ligera?
Si este vestido naranja no la mantiene fresca, entonces ¿Cómo va por casa?
Durante diez minutos creí que solo quería acostarme con ella.
Pero algo cambió. Dejé de mirar su cuerpo para preguntarme cómo era cuando nadie la veía. Me intrigaba su rutina, su casa, la convivencia con aquel ex del que tanto se quejaba.
¿Se dará cuenta de que viste de manera tan llamativa? ¿Se siente observada? ¿Deseada?
Sentí su impaciencia, entre queja y queja miraba el móvil, debí de quedarme otros diez minutos a su lado, había poca gente transitando, intentaba cambiar la conversación, pero volvíamos a la ola de calor.
Recibió una llamada, la cual respondió con total normalidad.
Hola, ¿ya llegaste? Es la calle... Vente pronto, número 69. ¿Estás ahí?
Tenemos una hora más o menos, antes de que venga el pesado de mi ex.
Vale, voy llegando.
Me sonrió de manera que no supe interpretar aquella mueca en sus labios marchitos, manchados de labial rojo.
Es un amigo. —dijo, a la vez que se levantaba del asiento.
No podía confirmar nada, era su palabra. Así lo dijo.
Espera, —dije. Mi voz ganó un poco de fuerza, sentía que se iba y esta oportunidad por saber más de ella no quería perderla, había despertado un nuevo interés.
¿Mañana estarás por aquí?. A ver si nos tomamos algo y seguimos hablando.
Pero hablar de que, si nada me has dicho muchacho.
Por eso, como solo hablabas tú, no quise interrumpir.
Siempre paso a esta hora, vengo de comprar el pan para el desayuno.
Vale entonces mañana nos vemos y hacemos algo.
—Me miró, se sonrió y cruzo la pista.
La cita estaba hecha, sería una curiosa casualidad que ella vaya por el pan y al volver yo este aquí. Salí de mi casa a pocas cuadras de la suya. Esperé, a que apareciese por la misma calle.
La vi aparecer por la esquina, venía cargadita de cosas, dos bolsas llenas y una garrafa de agua, sofocada. Me levanté y caminé a su encuentro.
Una mujer se despedía de ella. Adiós Lola, saludos al Paco.
Dáselos tú no te jode, —sonrieron.
Uy, y tú qué haces aquí muchacho, pues menos mal que te veo.
Pasaba mira, a donde vas con todo esto.
Uff, no puedo más, mira que se lo dije al cabrón este, ve tú, pues nada.
Espera que te ayudo.
Lo bien que me vienes, déjame las cositas en casa anda, que llevo coca cola y todo.
Vale, sin problemas, vives cerca.
Si, aquí cerca, en el 69
Mientras subíamos hacia el ático, pensé en lo que sucedería, su comportamiento, que prendas utilizaría, sentí emoción por conocer su hábitat.
Dejé las cosas sobre la mesa de su cocina, desapareció un momento de mi vista, cerró una puerta. Volvía con un cesto de ropa y tarareando una canción.
Con la puerta de la lavadora abierta, observé sobre el cesto algunas prendas, estaba lleno, por encima distinguí el vestido naranja y algunas prendas más, las que fue metiendo de a pocos, cerró, detergente y pulsó el botón de inicio.
¿Qué te pongo de beber, muchacho?
Ella se movía con total normalidad por la cocina, arreglaba los platos, buscaba dos vasos limpios, en nada le invadía mi mirada. Yo estaba contrariado por el cambio entre ambas escenas, la de la calle y ahora, la de la cocina.
Oye, ¿en qué piensas tanto?
No, me acordé de algo, pero ponme lo que quieras, estará bien.
Estaba sorprendido al ver su manera de vestir, una camiseta rosa y una pantaloneta negra, prendas sencillas sin más adornos.
Uf, que fresquita me siento, me lo he quitado todo, no aguantaba más, anda, vamos al salón que esta lavadora hace un ruido del demonio.
Y dime, de qué querías que hablemos.
Casi me atraganto con el sorbo de agua, aclaré la voz para no soltar alguna tontería.
Bueno era un decir, como hablabas todo el rato del calor.
Ah vale, pues mira aquí estamos, dónde vives?
A la vuelta, en la calle Saca todo, la conoces, cerca del mercado.
A sí claro, voy por ahí mucho, sabía que te había visto.
Tras un breve interrogatorio de nuestras vidas, sonó el timbre de la lavadora, fue un ciclo corto o el tiempo pasó demasiado pronto, pensé. Casi que mejor me voy, —le digo. Para dejarla que haga sus cosas y no molestar, además, escoba y recogedor a mano, yo sobraba.
Espera, ayúdame con algo, ya que tienes buen tamaño.
Mis mejillas se sonrojaron.
Ayúdame a tender la ropa, ven, las cuerdas están muy altas, claro como solo Paco las alcanza, a mí que me den.
Ah vale, te ayudo.
Seguro que acabo antes, y ya no te quito más tiempo.
Tranquila, que a esta hora estoy completamente libre.
En serio, uy que suerte, lo que me falta para ir a la cama, no lo imaginas.
Lola se agachó y fue colocando toda la ropa limpia en el cesto, salimos a la terraza para ayudarla a tender, una a una me las iba pasando, casi sin mirar, algo mecánico; cuerda, pinzas y a por la siguiente. Para el vestido naranja me pidió que lo tendiera de cabeza, que así escurre mejor me decía. Camisetas, vestido, bragas y sujetadores pasaron por mis manos.
¿Ves qué rápido? Seguro que a mí me lleva toda la tarde.
Bueno, si necesitas algo más, aquí estoy aprovéchame. —era una manera de decir, me voy.
Ya que lo dices… no mejor no, gracias por ayudarme con todo.
Dime, hay algo más que necesites.
En la habitación hay un ropero que no puedo mover, está casi vacío, pero está pesado.
¿Quieres que lo movamos hoy?
Por qué no vienes mañana, a esta hora, ¿puedes?
Vale, pero estará aquí tu ex, no quiero malos rollos.
Tú ven, no te preocupes. Además las coca colas que subiste, alguien se las tendrá que tomar.
Mientras ella se movía de un lado a otro, noté la normalidad en su manera de ser. Su vestimenta era lo menos erótica que uno pudiera imaginar; nada llamaba la atención. Incluso, con la cara lavada, parecía otra persona.
¿Dónde había quedado aquella mujer del vestido naranja que había capturado mi mirada?
No imaginamos cómo es alguien cuando cierra la puerta de su casa.
La mujer del vestido ajustado no desaparecía al llegar a casa. Simplemente dejaba de esforzarse por soportar el calor, las miradas y el peso del día.
Lo que encontré no fue una fantasía. Fue una persona.
¿Te has quedado con ganas de conocer un poco más a Lola?
En Tras el relato encontrarás escenas inéditas e imágenes que amplían el universo de Al otro lado de la puerta.







